¡Yo aliño con limón! – O por qué evitar el aceite.

Empezamos este nuevo post con un extracto de una conferencia del doctor Caldwell Esselstyn (para saber más sobre él podéis visitar su página web). En él nos deja bien claro (creedme, bien claro) que debemos dejar el aceite; este no debería formar parte de nuestra dieta.
Y señores, señoras, no anda desencaminado – vamos, que tiene toda la razón del mundo. Nuestra alimentación está repleta de “añadidos” utilizados para dar sabor a nuestras comidas, los saborizantes, que no cumplen una función nutricional clave (o sí, pero no precisamente positiva). Pensad en la sal, el azúcar, el vinagre, el aceite… elementos usados, al igual que otras muchas especias, para engañar a nuestro paladar. Ya ni me meto en los saborizantes industriales, de origen “inhóspito y desconocido” por el hombre de a pie.
No es que todos ellos sean malos, ni muchos menos; hay especias que, en su cantidad adecuada, pueden ser un extra muy positivo para nuestra dieta. Pero la grasa… déjame pensar… mm… NO. Ya hablaremos de la sal, y del azúcar, que tienen chicha; hoy nos centraremos en el aceite.
Si bien en numerosas ocasiones se ha hablado de los beneficios de ciertos tipos de aceites, como el de oliva, por sus ácidos grasos esenciales mil veces mejores que las grasas industriales o de origen animal, hay que pensar en si a la larga, merece realmente la pena.
Pensemos, el aceite es grasa; sana o no, es grasa. Además, salvo raras excepciones, es un producto industrial, procesado. No hay evidencias en estudios a largo plazo de que el aceite no resulte perjudicial, aunque los haya a corto plazo que afirmen que ayuda contra los ataques al corazón, cáncer, etc. Sí los hay que dan a entender que quizá deberíamos evitarlo, por decirlo suave.
Tras todo esto, comprendo que no es tan fácil dejar de consumir aceite; vamos, yo no lo he hecho todavía. Lo primero que debéis pensar, si queréis dar ese paso, es en que os será más fácil si es gradual; como todo. Eliminad los aceites refinados, nada recomendables (pueden haber sido sometidos a métodos peligrosos para tu salud): lo mejor es el aceite de oliva virgen extra, o el aceite de coco. Si son ecológicos pues mejor.

Esto es solo una introducción, de un tema que quiero tratar más profundo. Tras una búsqueda de estudios, fuentes, etc. volveré con esto.

Finalmente, y como bien dijo Esselstyn… ¡NO OIL!
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